Redacción- Corrección y elaboración de textos
La elaboración de un texto, su redacción y su corrección lleva un tiempo valioso. Un artículo, una tesis, un resumen o cualquier trabajo de escritura debe ser concreto, atractivo y claro. Mi tarea consiste en facilitar esta labor, en la escritura de aquellos trabajos en los cuales se debe cuidar hasta el más mínimo detalle.
lunes, julio 09, 2012
Ventana
Ventana
Casi con cierta
castidad. Ese leve roce de cuerpos. La piel tersa, tensa, la risa.
La honesta
perversión de la juventud. Placer.
Imaginarse
cayendo en una ola de fluidos almizclados, sin exagerar la nota dulce, sin
esquivar la porción ácida, el paladeo de lo muelle, de lo nuevo, de la
exaltación del porque sí.
Y no eran ángeles. Parecían pero, la maravilla
era precisamente su condición humana.
Desde la ventana
lindera al vacío, ese rincón tan propio, tan ajeno a la tentadora humedad que
se le aparecía ante los ojos, se pensó esparciéndose entre los cuerpos que
sentados en un banco, justo debajo de la ventana lindera al vacío, ahumaban el
aire, provocaban que cierto hilo de baba, nada elegante, cayera desde la
comisura izquierda de su boca y no percibiera que éste, ese hilo de baba
cristalino, se depositaba en el bolsillo de su camisa blanca.
Lo peor de todo era la risa. Porque era una
franca risa de gozo, de manos, de pieles, dientes que se entrechocaban y
mordiscos, de ropa sudada.
Le causó un poco de estupor darse cuenta de
que se estaba calentando con una pareja.
Primero se asustó, no era bisexual pero
inmediatamente esa idea se esfumó, no era sólo ese olor a genitales jóvenes que
imaginaba que brotaba desde el asiento del banco de la plaza hasta su ventana,
era la juventud. La amalgama. El magma que suponía que esos vientres comenzaban
a gestar y por un instante quiso arrojarse, zambullirse en ellos, no estar
entre ellos, era muy otra cosa, era estar en.
Un muñeco de plastilina, amasado por los
vientres de ambos y sentir las convulsiones, los picos de electricidad febril,
tocarse el cuello pero en ellos y sentir las venas hirviendo.
La baba seguía haciendo lo suyo cuando su
mano, ahora dentro del bolsillo del pantalón, buscaba el tímido bulto que
amenazaba con elevarse sin lograrlo totalmente y sus piernas, que habían estado
colgando desde esa ventana lindera al vacío, ya le provocaban un hormigueo
desagradable y pensó que era el momento de cambiar de posición o de ángulo tal
vez.
Fue un abrir y cerrar de ojos y no verlos más.
Fueron las putas
piernas viejas que le jugaron la mala pasada de acalambrarse y ahora con el
pantalón a medio bajar, el bolsillo lleno de baba y la mano un poco pringosa,
veía desaparecer las dos figuras y el aire ahumado comenzaba a enfriarse.
Pero aún el banco conservaba lo que él imaginó
que destilaban los cuerpos, ese humor genital joven de magmas fluyendo. Y cerró
los ojos casi satisfecho.
9- 07- 2012
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