Daniel Mordzinski
Hoy fui a ver al Centro Cultural Recoleta una exposición llamada "Tres Orillas", obra del fotógrafo argentino Daniel Mordzinski.
En la muestra, el artista nos presta sus ojos para observar junto con ellos a varios escritores tanto de Argentina, como América y Europa. Coloco Argentina, sabiendo, lógicamente que conforma parte de América pero lo siento así.
La mirada de este artista no sólo es maravillosa, genial, cálida sino que también nos permite contactarnos casi cuerpo a cuerpo tanto con él como con los otros artistas escritores.
Todos sus retratos me parecieron radiantes, únicos pero en uno, quizá por conocer al escritor, quién fue mi amigo Charlie Feiling, me conmocioné: pude experimentar la emoción de mirarlo a los ojos, de reconocer su gesto amable y cortés, su humor ácido, la calidez de su voz preciosa, esa mirada aguda, la inteligencia generosa. Charlie no era alguien que se guardara para sí lo que sabía, todavía lo recuerdo ayudándome a estudiar latín, a las 8 de la mañana, en bata, con un jarro enorme de café en su mano, que preparaba en su mismo cuarto y era intomable y su vaso de ginebra Bols, encendiendo al mismo tiempo un Particulares, cuyo atado abría siempre del lado del revés.
Por unos instantes, que me parecieron profundos estuve con él. También escuché su voz la última vez en que hablamos y me comentó algo de su último libro que quedó inconcluso y del regreso de la leucemia pero de otra, ya que había padecido anteriormente leucemia pero se había logrado curarse. Le dije: no te preocupes, vas a salir de ésta como antes y me contestó: no sé me parece que esta vez es más jodida. Le volví a asegurar que no y que esperaba a que se restableciera porque deseaba verlo y además yo también estaba escribiendo y quería que él leyera lo mío y me diera su opinión. Cortamos, no sin antes prometernos intercambiar los textos, yo por mi lado, ya había leído todo lo que él había escrito y que realmente eran textos exquisitos.
Hacía bastante tiempo que no hablábamos, los años, los matrimonios fallidos, la vida. Ésa fue la última charla que tuvimos, días más tarde una colega me comunicaba que había muerto el día anterior.
Todo eso me contó el retrato, todo eso me trajo el retrato. El retrato de Mordzinski resucitó a Charlie por ese pronfundísimo instante.
Luego sobrevino el hueco más profundo, el dolor firme como siempre pero Charlie estuvo conmigo una vez más y no creo que otro artista que no fuere Mordzinski hubiera podido regalarme esos momentos con mi amigo.
Si tienen la posibilidad de ir vayan, muchos otros escritores van a poder también hablar con ustedes, se los aseguro.