En el mundo muy pocas personas tienen el maravilloso don de la clarividencia. El poder decir exactamente lo que se siente, lo que otros sienten, gritar por todos, por todos que somos uno.
Desde épocas remotas, existían cuartos alejados en los pisos superiores o en los sótanos de esas casas, para ocultar al "loco" de la familia. Varias obras increíbles de la literatura ya hablaron sobre ello.
Por ejemplo, Calderón, lo hizo con su Segismundo, de otra forma muy distinta, Rakolnikov se hace eco de la locura colectiva e individual.
Se me ocurre pensar que es muy complicado para una sociedad bancarse al loco, loco como el que sabe, como Casandra, como aquellos chamanes que sabían de qué se estaba hablando y cómo se gestaba la cosa.
Encarcelados, torturados, presos y acallados, la sociedad sigue condenando al diferente, al que tiene el poder de mostrarnos lo que pasa, hacia dónde vamos cayendo.
Tal el caso de Charly, preso del sueño del torpe, del envidioso, del que nunca pudo. Gracias al atentado contra la libertad de creación, con un fraudulento propósito de mejorarle la salud, Ortega, quién nunca debió haberse dedicado a cantar, robó el canto que no supo tener, la luz y el talento, la ingenuidad del genio y lo calló. Yo todavía espero que Charly venga por el "vino y al agua salada, para olvidarse de ser rey y ser feliz".
Redacción- Corrección y elaboración de textos
La elaboración de un texto, su redacción y su corrección lleva un tiempo valioso. Un artículo, una tesis, un resumen o cualquier trabajo de escritura debe ser concreto, atractivo y claro. Mi tarea consiste en facilitar esta labor, en la escritura de aquellos trabajos en los cuales se debe cuidar hasta el más mínimo detalle.
jueves, agosto 04, 2011
sábado, julio 30, 2011

I, me, mine
La fuerza, la pasión, la amistad, un camino. Una certeza. De las pocas que tengo, ésta es una de ellas. Un mensaje oculto entre dos personas que no necesitan palabras. La amiga que nos sabe sólo con mirarnos. Mi homenaje. El suyo. El amor en estado puro. El respeto. La belleza. Namaste.
viernes, julio 29, 2011
Como pueden comprobar, a partir de la fotografía anterior, elaboró en sepia primero, la serie y, más adelante, pinta el cuadro que no es en absoluto una pintura sobre el dibujo de la fotografía, ésta sólo le proporcionaba la posibilidad de ver cada una de las secuencias de la danza y sus movimientos. Sin olvidar, que Degas, otro noctámbulo como la que suscribe, pintaba de noche, con luz artificial, la mayoría de sus obras. Esto sí, lo alejaba de los impresionistas de su época que trabajaban con luz natural, una de las premisas del Impresionismo.
Degas, muy criticado por sus pares por incursionar en el género fotográfico. De sus maravillosas fotografías, él, sopreponiéndolas, encimándolas, lograba luego al pintar, crear toda esa magia única, esas nubes de tules, esas mariposas inalcanzables que son sus bailarinas. Para poder mejorar sus fotos, encargó a Kodak una lente especial que adaptaron a su máquina, lo que le proporcionó poder captar con mucha más precisión los movimientos. Sobre todo, rostros, manos, cuellos. Éste es uno de los negativos con el cual experimentó para poder llegar a conformar luego, una bailarina en tres diferentes poses, que, lógicamente es la misma pero observada desde distintos ángulos. Pocos son los negativos que se conservan pero con un poco de paciencia y algunos años de búsquedas, logré tener una buena cantidad de ellos y en breve los iré subiendo.
jueves, julio 28, 2011
El día no es lo mío, sin lugar a dudas. Me pregunté durante toda mi vida el por qué, cómo podía ser que fuera siempre a contramano del resto de los amigos, de casi todos en general.
No sé si alguna vez obtendré la respuesta pero intuyo que durante la noche el tiempo se suspende y uno es mucho más libre. Tan libre como la mirada de esta mujer retratada por A.Camarasa, que sólo existe en esa noche.
lunes, julio 25, 2011
Daniel Mordzinski
Hoy fui a ver al Centro Cultural Recoleta una exposición llamada "Tres Orillas", obra del fotógrafo argentino Daniel Mordzinski.
En la muestra, el artista nos presta sus ojos para observar junto con ellos a varios escritores tanto de Argentina, como América y Europa. Coloco Argentina, sabiendo, lógicamente que conforma parte de América pero lo siento así.
La mirada de este artista no sólo es maravillosa, genial, cálida sino que también nos permite contactarnos casi cuerpo a cuerpo tanto con él como con los otros artistas escritores.
Todos sus retratos me parecieron radiantes, únicos pero en uno, quizá por conocer al escritor, quién fue mi amigo Charlie Feiling, me conmocioné: pude experimentar la emoción de mirarlo a los ojos, de reconocer su gesto amable y cortés, su humor ácido, la calidez de su voz preciosa, esa mirada aguda, la inteligencia generosa. Charlie no era alguien que se guardara para sí lo que sabía, todavía lo recuerdo ayudándome a estudiar latín, a las 8 de la mañana, en bata, con un jarro enorme de café en su mano, que preparaba en su mismo cuarto y era intomable y su vaso de ginebra Bols, encendiendo al mismo tiempo un Particulares, cuyo atado abría siempre del lado del revés.
Por unos instantes, que me parecieron profundos estuve con él. También escuché su voz la última vez en que hablamos y me comentó algo de su último libro que quedó inconcluso y del regreso de la leucemia pero de otra, ya que había padecido anteriormente leucemia pero se había logrado curarse. Le dije: no te preocupes, vas a salir de ésta como antes y me contestó: no sé me parece que esta vez es más jodida. Le volví a asegurar que no y que esperaba a que se restableciera porque deseaba verlo y además yo también estaba escribiendo y quería que él leyera lo mío y me diera su opinión. Cortamos, no sin antes prometernos intercambiar los textos, yo por mi lado, ya había leído todo lo que él había escrito y que realmente eran textos exquisitos.
Hacía bastante tiempo que no hablábamos, los años, los matrimonios fallidos, la vida. Ésa fue la última charla que tuvimos, días más tarde una colega me comunicaba que había muerto el día anterior.
Todo eso me contó el retrato, todo eso me trajo el retrato. El retrato de Mordzinski resucitó a Charlie por ese pronfundísimo instante.
Luego sobrevino el hueco más profundo, el dolor firme como siempre pero Charlie estuvo conmigo una vez más y no creo que otro artista que no fuere Mordzinski hubiera podido regalarme esos momentos con mi amigo.
Si tienen la posibilidad de ir vayan, muchos otros escritores van a poder también hablar con ustedes, se los aseguro.
Hoy fui a ver al Centro Cultural Recoleta una exposición llamada "Tres Orillas", obra del fotógrafo argentino Daniel Mordzinski.
En la muestra, el artista nos presta sus ojos para observar junto con ellos a varios escritores tanto de Argentina, como América y Europa. Coloco Argentina, sabiendo, lógicamente que conforma parte de América pero lo siento así.
La mirada de este artista no sólo es maravillosa, genial, cálida sino que también nos permite contactarnos casi cuerpo a cuerpo tanto con él como con los otros artistas escritores.
Todos sus retratos me parecieron radiantes, únicos pero en uno, quizá por conocer al escritor, quién fue mi amigo Charlie Feiling, me conmocioné: pude experimentar la emoción de mirarlo a los ojos, de reconocer su gesto amable y cortés, su humor ácido, la calidez de su voz preciosa, esa mirada aguda, la inteligencia generosa. Charlie no era alguien que se guardara para sí lo que sabía, todavía lo recuerdo ayudándome a estudiar latín, a las 8 de la mañana, en bata, con un jarro enorme de café en su mano, que preparaba en su mismo cuarto y era intomable y su vaso de ginebra Bols, encendiendo al mismo tiempo un Particulares, cuyo atado abría siempre del lado del revés.
Por unos instantes, que me parecieron profundos estuve con él. También escuché su voz la última vez en que hablamos y me comentó algo de su último libro que quedó inconcluso y del regreso de la leucemia pero de otra, ya que había padecido anteriormente leucemia pero se había logrado curarse. Le dije: no te preocupes, vas a salir de ésta como antes y me contestó: no sé me parece que esta vez es más jodida. Le volví a asegurar que no y que esperaba a que se restableciera porque deseaba verlo y además yo también estaba escribiendo y quería que él leyera lo mío y me diera su opinión. Cortamos, no sin antes prometernos intercambiar los textos, yo por mi lado, ya había leído todo lo que él había escrito y que realmente eran textos exquisitos.
Hacía bastante tiempo que no hablábamos, los años, los matrimonios fallidos, la vida. Ésa fue la última charla que tuvimos, días más tarde una colega me comunicaba que había muerto el día anterior.
Todo eso me contó el retrato, todo eso me trajo el retrato. El retrato de Mordzinski resucitó a Charlie por ese pronfundísimo instante.
Luego sobrevino el hueco más profundo, el dolor firme como siempre pero Charlie estuvo conmigo una vez más y no creo que otro artista que no fuere Mordzinski hubiera podido regalarme esos momentos con mi amigo.
Si tienen la posibilidad de ir vayan, muchos otros escritores van a poder también hablar con ustedes, se los aseguro.
sábado, julio 23, 2011
Antonine Artaud
Artaud retrata a la Lengua como casi ningún escritor ha logrado hacerlo: La Lengua para él es imprescindible y al mismo tiempo se transforma en un castigo. Las reflexiones que sobre la Lengua hace Artaud son puras, nobles, sutiles y explícitas, enmarañadas, enreveradas: La lengua es un juego exquisito y peligroso. El juego supremo.
El yunque de las fuerzas
Ese flujo, esa náusea, esas tiras: aquí comienza el fuego. El fuego de lenguas. El fuego tejido en flecos de lenguas, en el reflejo de la tierra que se abre como un vientre que está por parir, con entrañas de miel y azúcar. Con todo su obsceno tajo ese vientre fláccido bosteza, pero el fuego bosteza por encima con lenguas retorcidas y ardientes que llevan en la punta rendijas parecidas a la sed. Ese fuego retorcido como nubes en el agua límpida, con la luz al lado que traza una recta y algunas pestañas. Y la tierra entreabierta por todas partes muestra áridos secretos. Secretos como superficies. La tierra y sus nervios, y sus prehistóricas soledades, la tierra de geologías primitivas, donde se descubren secciones del mundo en una sombra
negra como el carbón. La tierra es madre bajo el hielo del fuego. Ved el fuego en los Tres Rayos, coronado por su melena en la que pululan ojos. Miríadas de miriápodos de ojos. El centro ardiente y convulso de ese fuego es como la punta descuartizada del trueno en la cima del firmamento. Centro blanco de las convulsiones. Un resplandor absoluto en el tumulto de la fuerza. La espantosa punta de la fuerza que se quiebra con estruendo azul.
Los Tres Rayos forman un abanico cuyas ramas caen rectas y convergen hacia el mismo centro. Ese centro es un disco lechoso recubierto por una espiral de eclipses.
La sombra del eclipse forma un muro sobre los zig-zags de la alta albañilería celeste.
Pero por encima del cielo está el Doble-Caballo. La evocación del Caballo se empapa en la luz de la fuerza sobre un fondo de muro deteriorado y exprimido hasta la trama. La trama de su doble pecho. El primero de los dos es mucho más extraño que el otro. Él recoge el resplandor del cual el segundo es sólo la pesada sombra.
Más bajo aún que la sombra del muro, la cabeza y el pecho del caballo proyectan una sombra como si toda el agua del mundo hiciera subir el orificio de un pozo.
El abanico desplegado domina una pirámide de cimas, un inmenso concierto de vértices. Una idea de desierto planea sobre esos vértices por encima de los cuales flota un astro desmelenado, horriblemente, inexplicablemente suspendido. Suspendido como el bien en el hombre o el mal en el comercio de hombre
a hombre, o la muerte en la vida. Fuerza giratoria de los astros.
Pero detrás de esa visión de absoluto, ese sistema de plantas, de estrellas, de terrenos partidos hasta los huesos, detrás de esa ardiente floculación de gérmenes, esa geometría de búsquedas, ese sistema giratorio de vértices, detrás de ese arado hundido en el espíritu y ese espíritu que separa sus fibras, y descubre sus sedimentos, detrás de esa mano de hombre, en fin, que deja impreso su duro pulgar y dibuja sus tanteos, detrás de esa mescolanza de manipulaciones y cerebro y esos pozos en todas las direcciones del alma y esas cavernas en la realidad, se alza la Ciudad amurallada, la Ciudad inmensamente alta a la que no basta todo el cielo para hacerle un techo donde las plantas crecen en sentido inverso y con una velocidad de astros despedidos.
Esa ciudad de cavernas y de muros que proyecta sobre el abismo absoluto arcos perfectos y subsuelos como puentes.
Cómo se quisiera en la concavidad de esos arcos, en la arcada de esos puentes insertar la curva de un hombro desmesuradamente grande, de un hombro en el cual se difunde la sangre. Y colocar su cuerpo en reposo y su cabeza en la que hormiguean los sueños sobre el reborde de esas cornisas gigantescas donde se escalona el firmamento.
Pues un cielo de Biblia está allá arriba por donde se deslizan blancas nubes. Pero las suaves amenazas de esas nubes. Pero las tormentas. Y ese Sinaí del que dejan asomar las pavesas. Pero la sombra que hace la tierra y la iluminación apagada y blancuzca. Pero finalmente esa sombra en forma de cabra y ese macho cabrío. Y el aquelarre de las Constelaciones.
Un grito para recoger todo eso y una lengua para ahorcarme.
Todos esos reflujos comienzan en mí.
Mostradme la inserción de la tierra, la bisagra de mi espíritu, el atroz nacimiento de mis uñas. Un bloque, un inmenso bloque artificial me separa de mi mentira. Y ese bloque tiene el color que cada uno quiere.
El mundo deja allí su baba como el mar sobre las rocas y como yo con los reflujos del amor.
Perros, habéis terminado de hacer rodar vuestros guijarros sobre mi alma. Yo. Yo. Dad vuelta la página de los escombros. También yo espero el pedregullo celeste y la playa sin márgenes. Es necesario que ese fuego comience en mí. Ese fuego y esas lenguas y las cavernas de mi gestación. Que los bloques de hielo retornen a encallar bajo mis dientes. Tengo el cráneo espeso, pero el alma lisa, un corazón de materia encallada. Carezco de meteoros, carezco de fuelles ardientes. Busco en mi garganta nombres, y algo como la pestaña vibrátil de las cosas. El olor de la nada, un tufo de absurdo, el estiércol de la muerte total. El humor ligero y rarefacto. También yo no espero sino al viento. Que se llame amor o miseria casi no logrará hacerme encallar sino en una playa de osamentas.
( Del Arte y la Muerte)
Artaud retrata a la Lengua como casi ningún escritor ha logrado hacerlo: La Lengua para él es imprescindible y al mismo tiempo se transforma en un castigo. Las reflexiones que sobre la Lengua hace Artaud son puras, nobles, sutiles y explícitas, enmarañadas, enreveradas: La lengua es un juego exquisito y peligroso. El juego supremo.
El yunque de las fuerzas
Ese flujo, esa náusea, esas tiras: aquí comienza el fuego. El fuego de lenguas. El fuego tejido en flecos de lenguas, en el reflejo de la tierra que se abre como un vientre que está por parir, con entrañas de miel y azúcar. Con todo su obsceno tajo ese vientre fláccido bosteza, pero el fuego bosteza por encima con lenguas retorcidas y ardientes que llevan en la punta rendijas parecidas a la sed. Ese fuego retorcido como nubes en el agua límpida, con la luz al lado que traza una recta y algunas pestañas. Y la tierra entreabierta por todas partes muestra áridos secretos. Secretos como superficies. La tierra y sus nervios, y sus prehistóricas soledades, la tierra de geologías primitivas, donde se descubren secciones del mundo en una sombra
negra como el carbón. La tierra es madre bajo el hielo del fuego. Ved el fuego en los Tres Rayos, coronado por su melena en la que pululan ojos. Miríadas de miriápodos de ojos. El centro ardiente y convulso de ese fuego es como la punta descuartizada del trueno en la cima del firmamento. Centro blanco de las convulsiones. Un resplandor absoluto en el tumulto de la fuerza. La espantosa punta de la fuerza que se quiebra con estruendo azul.
Los Tres Rayos forman un abanico cuyas ramas caen rectas y convergen hacia el mismo centro. Ese centro es un disco lechoso recubierto por una espiral de eclipses.
La sombra del eclipse forma un muro sobre los zig-zags de la alta albañilería celeste.
Pero por encima del cielo está el Doble-Caballo. La evocación del Caballo se empapa en la luz de la fuerza sobre un fondo de muro deteriorado y exprimido hasta la trama. La trama de su doble pecho. El primero de los dos es mucho más extraño que el otro. Él recoge el resplandor del cual el segundo es sólo la pesada sombra.
Más bajo aún que la sombra del muro, la cabeza y el pecho del caballo proyectan una sombra como si toda el agua del mundo hiciera subir el orificio de un pozo.
El abanico desplegado domina una pirámide de cimas, un inmenso concierto de vértices. Una idea de desierto planea sobre esos vértices por encima de los cuales flota un astro desmelenado, horriblemente, inexplicablemente suspendido. Suspendido como el bien en el hombre o el mal en el comercio de hombre
a hombre, o la muerte en la vida. Fuerza giratoria de los astros.
Pero detrás de esa visión de absoluto, ese sistema de plantas, de estrellas, de terrenos partidos hasta los huesos, detrás de esa ardiente floculación de gérmenes, esa geometría de búsquedas, ese sistema giratorio de vértices, detrás de ese arado hundido en el espíritu y ese espíritu que separa sus fibras, y descubre sus sedimentos, detrás de esa mano de hombre, en fin, que deja impreso su duro pulgar y dibuja sus tanteos, detrás de esa mescolanza de manipulaciones y cerebro y esos pozos en todas las direcciones del alma y esas cavernas en la realidad, se alza la Ciudad amurallada, la Ciudad inmensamente alta a la que no basta todo el cielo para hacerle un techo donde las plantas crecen en sentido inverso y con una velocidad de astros despedidos.
Esa ciudad de cavernas y de muros que proyecta sobre el abismo absoluto arcos perfectos y subsuelos como puentes.
Cómo se quisiera en la concavidad de esos arcos, en la arcada de esos puentes insertar la curva de un hombro desmesuradamente grande, de un hombro en el cual se difunde la sangre. Y colocar su cuerpo en reposo y su cabeza en la que hormiguean los sueños sobre el reborde de esas cornisas gigantescas donde se escalona el firmamento.
Pues un cielo de Biblia está allá arriba por donde se deslizan blancas nubes. Pero las suaves amenazas de esas nubes. Pero las tormentas. Y ese Sinaí del que dejan asomar las pavesas. Pero la sombra que hace la tierra y la iluminación apagada y blancuzca. Pero finalmente esa sombra en forma de cabra y ese macho cabrío. Y el aquelarre de las Constelaciones.
Un grito para recoger todo eso y una lengua para ahorcarme.
Todos esos reflujos comienzan en mí.
Mostradme la inserción de la tierra, la bisagra de mi espíritu, el atroz nacimiento de mis uñas. Un bloque, un inmenso bloque artificial me separa de mi mentira. Y ese bloque tiene el color que cada uno quiere.
El mundo deja allí su baba como el mar sobre las rocas y como yo con los reflujos del amor.
Perros, habéis terminado de hacer rodar vuestros guijarros sobre mi alma. Yo. Yo. Dad vuelta la página de los escombros. También yo espero el pedregullo celeste y la playa sin márgenes. Es necesario que ese fuego comience en mí. Ese fuego y esas lenguas y las cavernas de mi gestación. Que los bloques de hielo retornen a encallar bajo mis dientes. Tengo el cráneo espeso, pero el alma lisa, un corazón de materia encallada. Carezco de meteoros, carezco de fuelles ardientes. Busco en mi garganta nombres, y algo como la pestaña vibrátil de las cosas. El olor de la nada, un tufo de absurdo, el estiércol de la muerte total. El humor ligero y rarefacto. También yo no espero sino al viento. Que se llame amor o miseria casi no logrará hacerme encallar sino en una playa de osamentas.
( Del Arte y la Muerte)
viernes, julio 22, 2011
El libro puente
Hace mucho tiempo pero menos del que siento, ya que el tiempo real no existe, un amigo mío de la adolescencia me envió por correo una serie de cuentos para que los leyera y más tarde, para que lo ayudara a corregirlos. Durante el intercambio textual, se sucedieron cartas- mails, charlas, reconocimientos y cosas maravillosas y profundas que sólo se dan cuando uno se abre a la escritura.
Siempre me pregunto si no habrá ya mismo alguien haciendo un trabajo sobre el género del mail, así como antes lo hubo acerca del epistolar. Escritores increíbles como Artaud tienen entre sus cartas obras maestras, la correspondencia entre Teo y Vincent Van Gogh es dramáticamente exquisita, desnuda y a la vez cobijada por un sólido amor.
Entre las idas y venidas de los cuentos de mi amigo, viajé, lo vi luego de muchos años y nos volvimos a ver en otras oportunidades. Su amistad es más que valiosa para mí. Pero sé, que a la hora de abrir mi corazón siempre está el texto, cuando él me escribe, las más de las veces ocurre lo mismo.
La escritura es un puente que nos permite todo, la escritura cura, sana, nos hace sentir vivos, nos calma.
El concepto de puente se lo debo a mi amigo, nunca voy a dejar de agradecérselo.
Hace mucho tiempo pero menos del que siento, ya que el tiempo real no existe, un amigo mío de la adolescencia me envió por correo una serie de cuentos para que los leyera y más tarde, para que lo ayudara a corregirlos. Durante el intercambio textual, se sucedieron cartas- mails, charlas, reconocimientos y cosas maravillosas y profundas que sólo se dan cuando uno se abre a la escritura.
Siempre me pregunto si no habrá ya mismo alguien haciendo un trabajo sobre el género del mail, así como antes lo hubo acerca del epistolar. Escritores increíbles como Artaud tienen entre sus cartas obras maestras, la correspondencia entre Teo y Vincent Van Gogh es dramáticamente exquisita, desnuda y a la vez cobijada por un sólido amor.
Entre las idas y venidas de los cuentos de mi amigo, viajé, lo vi luego de muchos años y nos volvimos a ver en otras oportunidades. Su amistad es más que valiosa para mí. Pero sé, que a la hora de abrir mi corazón siempre está el texto, cuando él me escribe, las más de las veces ocurre lo mismo.
La escritura es un puente que nos permite todo, la escritura cura, sana, nos hace sentir vivos, nos calma.
El concepto de puente se lo debo a mi amigo, nunca voy a dejar de agradecérselo.
Un blog que se dedica al trabajo de la lengua, del lenguaje, en mi caso, de la escritura es un blog de arte aunque no lo parezca.
Es extraño o me lo ha parecido a mí siempre pero la mayoría de las personas identifican al arte con las artes plásticas, la música por ejemplo y sin embargo, un texto, un libro es una obra de arte.
Me gustaría mucho reflexionar acerca de este tema junto con otros, reunir comentarios de lo que cada uno piensa o siente que es el arte.
Hasta en el comentario más sencillo que se puede hacer en un blog, acerca de cualquier obra que uno produce con empeño, con amor y dedicación, con el toque de un texto acorde, será mucho más radiante. Uno debe jugar con las palabras y vivirlas, ellas solas hacen el resto.
Mardeletras
Es extraño o me lo ha parecido a mí siempre pero la mayoría de las personas identifican al arte con las artes plásticas, la música por ejemplo y sin embargo, un texto, un libro es una obra de arte.
Me gustaría mucho reflexionar acerca de este tema junto con otros, reunir comentarios de lo que cada uno piensa o siente que es el arte.
Cuando escribo, cuando redacto o corrijo textos para otras personas, no puede dejar de sentir que un escritor juega con las palabras del mismo modo que cualquier otro artista juega con los materiales que le son propios.
Una pintura con la frase adecuada o la poesía que se puede elegir para ella, suma arte,agrega.
Esta es una de mi tareas y una de mis ilusiones y ambiciones más importantes: que cuando alguien confíe en mí para ayudarlo con un trabajo, sepa que su trabajo no es sólo uno más, es "ése", es el que debe lucir, brillar y vivir como toda obra, cualquier sea el tema en cuestión.
Hasta en el comentario más sencillo que se puede hacer en un blog, acerca de cualquier obra que uno produce con empeño, con amor y dedicación, con el toque de un texto acorde, será mucho más radiante. Uno debe jugar con las palabras y vivirlas, ellas solas hacen el resto.
Mardeletras
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